La historia que no incluyó Javier Cercas en "Soldados de Salamina"

La guerra es un espejo que refleja la cara oculta y perversa del ser humano. La guerra es destrucción, muerte, aniquilación y sufrimiento. Allá donde se produzca una guerra, sus repercusiones y consecuencias son las mismas: el silencio de los caídos en combate y los lloros desesperados de los familiares abrazados a los cadáveres de sus hijos, padres, hermanos...
Pese a todo, los conflictos bélicos guardan acciones, hechos, momentos que abren nuestros corazones a la esperanza, entre toda aquella pesadilla de sangre y odio llamada guerra. Son, en definitiva, personas anónimas del bando invadido o invasor (qué más da) que pusieron en juego su misma vida con tal de ayudar, salvar o esconder a aquella otra persona que pensaban fusilar, asesinar o torturar.
Hace unos días, en la Cadena Ser, escuché una de estas historias. Llamó a la emisora una señora que hablaba con tono lacónico y pausado. Su relato se centraba en la historia de su abuelo que, en la Guerra Civil Española, era un alcalde republicano que se pasó toda la contienda transportando armas al frente de Talavera de la Reina. Finalizada la contienda, inició el regreso a su pueblo; viejo, cansado, ansioso por abrazar y besar a toda su familia, harto de tanta sangre y brutalidad... Dolorido ante tal trayecto a pie, accedió a realizar la vuelta con algunos "paisanos" pertenecientes al bando Nacional en un camión.
Los militares fieles a Franco, en el camión, celebraban por todo lo alto la victoria. Cantaban, gritaban y se mofaban por todo lo alto de los cadáveres de republicanos que yacían en el suelo abandonados y ensangrentados. Y de los insultos pasaron a la formas. Los soldados obligaron a aquel alcalde, cabizbajo y esquivo, a besar sus crucifijos y su simbología franquista. El alcalde se negó y, entonces, surgió la fría idea de la venganza. Pretendían emborrachar al alcalde republicano a la fuerza para, a su paso el camión por el río Tajo, empujarle al vacío y deshacerse de él.

Sin embargo, un soldado Nacional que viajaba en aquel camión, al escuchar aquellas pesquisas, intercedió a favor del alcalde con las siguientes palabras: "A este hombre -dijo- se le ha recogido para devolverlo a su casa".
Todos callaron, la idea maléfica se desvaneció, y aquel alcalde republicano abrazó, en silencio y entre lágrimas, a toda su familia bajo el calor de su casa.
Aquel hombre menudo, anónimo durante tantos años, y que salvó de una muerte injusta y tramposa a aquel alcalde republicano se llamaba Paco Cercas, abuelo paterno del conocido escritor Javier Cercas.
De inmediato, el equipo de la Cadena Ser se ponía en contacto con el escritor catalán que regresaba de una presentación con su coche. Su emoción, a la vez que una alegría reinante, removía los sentimientos de todos los oyentes que escuchábamos con atención.
Aquella preciosa historia que, Javier Cercas, jamás incluyó en su exitosa novela de Soldados de Salamina me conmovió profundamente. Supuso un bálsamo que me ha renovado de fuerzas para la continuación de mi tesis. Y prosigo con mi trabajo, convencido que todavía me quedan por descubrir centenares de relatos –como el de Cercas- y por los que merece la pena seguir luchando hasta el final.
I encuentro digital de El Mundo con Javier Cercas con motivo de la publicación de su novela Soldados de Salamina: (pincha aquí).
II encuentro digital de El Mundo con Javier Cercas con motivo de la publicación de su novela La Velocidad de la Luz: (pincha aquí).



1 Comentarios:
Muy bueno, Juanjo. La temática que utlizas es normalmente la misma, pero consigues mostrarlo de forma diferente. Se nota que tus poros segregan literatura por todos los costados. "Aquella preciosa historia que, Javier Cercas, jamás incluyó en su exitosa novela de Soldados de Salamina me conmovió profundamente". Es bonito, tio. Saludos desde Elda. Y ánimo con tu tesis.
Publicar un comentario en la entrada
<< Portada