Intelectuales en el exilio

El escritor Max Aub definió como expatria la sensación angustiosa y desgarradora que aborda al intelectual tras el exilio forzoso, cuando comprueba ante sus ojos que todo lo que quedó atrás había cambiado o incluso desaparecido. Como aquella mañana del 23 de agosto de 1969, en el aeropuerto de Barcelona, desaparecida la sombra de la barbarie y locura de las guerras. "Llevo una semana aquí, pero no reconozco nada", anotaba poco después en su diario y rodeado del ambiente que le acompañaba desde niño.
Pío Baroja, Azorín, Pérez de Ayala, Menéndez Pelayo, Juan Gil-Albert, Pedro Salinas, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Américo Castro, Jorge Guillén... Y los destinos; Méjico, Francia, Estados Unidos, Argentina, Alemania, Reino Unido...
Unos volvieron; como Azorín, que pese a las malas lenguas, no fue un autor que se unió a la causa franquista, sino que aprovechó una delicada situación para morir "en casa" malviviendo de las rentas de la literatura (el creador de la Generación del 98 estaba enfermo y tenía casi 70 años). Y otros jamás regresaron: Machado murió en Collioure, bajo bandera republicana, refugiado en Francia...
Esta historia de exilios supone una tragedia similar a la de los muertos en combate en nuestra contienda civil. Porque el exilio, pese a que es una herida que permanece viva, no cicatriza jamás.



2 Comentarios:
Fijate... aquí también hubo guerra. Y se exiliaron muchos... muchos... Y hace poco un escritor (sin mucha razón) pidió asilo politico en Francia... Pero aquí nadie lo perseguía... exiliarse por paranoia. Interesante Post. En las guerras se pierde mucho.
El vacío cultural que quizá nubló a España por años fue bien recibido en mi patria, donde por ejemplo, Max Aub, se convrtió en uno de los personajes más influyentes de la radio pública, al dirigir Radio UNAM.
Eso sin mencionar a tantísimos personajes que modificaron (para bien, creo yo) el rumbo artístico e intelectual de mi país.
A veces España le da gracias a México por haber abierto los brazos a los exiliados de la guerra, pero ¿a caso no somos nosotros los que debemos sentirnos agradecidos?
Saludos
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